4o día -Lunes
Hoy la meta es Salta, amaneció lloviendo poco. El desayuno estaba atrasado y el comedor paresia heladera de tan fuerte que estaba el aire acondicionado... brrrr. Partimos, al sur nubes oscuras y al norte alguna claridad. Estábamos al frente de una tormenta que aquí viajan de suroeste para noreste, con suerte y velocidad escaparíamos. Procuramos no equivocarnos de dirección mirando siempre al GPS para mantener la dirección a Salta, que está en el noroeste. Un poco antes de un cruce cayó un raio muy cerca de nosotros y no vimos, o no tenia letrero (lo que es común), seguí de largo y entré en una lluvia torrencial. Cuando miré el GPS percibí que estaba yendo al sur al encuentro de la tormenta. Volvimos al camino cierto y comenzamos a escapar de la tormenta, las nubes comenzaron a abrirse y comenzamos a entrar en lo que se llama la “pampa del infierno” también hoyos enormes se comenzaron a abrir en el asfalto y era raro encontrar otros vehículos. En parte el camino desaparecía en un mar de hoyos y me sentí muy a gusto manejando nuestro fiel 4X4. Por muchos kilómetros y horas el camino era infernal. Puede se decir que la pampa del infierno la atraviesa el camino del infierno. Del paisaje hay poco que contar, es muy pobre cubierto de matorrales. En un punto paramos para filmar una tortuga que atravesaba el camino y se nos llenó la camioneta de una nube de mosquitos.
Entramos a la provincia de Salta y el camino volvió a ser excelente. Los matorrales llegaban casi hasta la pista y habían animales ahí !!! Manejé con un ojo tentando de penetrar los matorrales y el otro en el camino. Muchas veces tenia vacunos atropellados pudriéndose medio tirados en el camino. Que alivio cuando se abrió mas el paisaje, íbamos subiendo lentamente y comenzaron las primeras elevaciones de terreno, hicimos pic-nic.
El paisaje variaba entre verde a polvoriento, hacia mucho calor. Entramos a Salta buscando la oficina de informaciones turísticas. Después de algunas vueltas la encontramos. Nos dieron un mapa y nos sugirieron hoteles y paseos. Encontramos uno simpático con piscina y estacionamiento. La piscina era una pileta de 3X4 en un patio interior, no se le veía el fondo, debería llegar a mis rodillas y el estacionamiento era a 50 metros pero con vigía “permanente”, dormía allí. Al frente teníamos el gran parque “Libertador San Martín” y la estación de un funicular que subía a un cerro. Subimos al cerro. El funicular eran cabinitas para 4 personas con vidrio para todos los lados. Subimos juntos con un profesor de una escuela en la frontera Boliviana que paseaba con sus niños y fue a buscar la máquina fotográfica que se les quedó. Nos contaba que sus niños estaban todos mareados con over-dosis de oxigeno debido a la poca altura de Salta 1200 mts, ellos vivían a 4000 metros. Pudimos apreciar la ciudad y sus alrededores de la altura. Estaba nublado y en partes llovía. De vuelta tomamos un taxi y nos fuimos al centro artesanal que quedaba al otro lado de la ciudad. Los taxis en Argentina son baratísimos así como la vida en general comparado con Brasil. El diesel es 30% mas barato y de buena cualidad (en Brasil hay que tener mucho cuidado, hay bandidos que le mezclan diluyente y otras cochinaditas). Casi nos convencen para comprar un tapiz de 2x1.5 metros bellísimo que venia de la frontera con Bolivia hecho de pelo de llama. Lo bajó 4 a 5 veces pero no sabíamos donde colgarlo, se quedó. Casi compro una cajita de madera de cactus pero también no sabia para que podría servirnos y la dejé, menos mal como van a ver. Así que compramos unas cucharas de palo de tres o cuatro maderas diferentes para servir ensalada.
Ahora era tiempo de Internet y teléfono, nos metimos a uno de estos lugares que hay en todas partes. Cuando escribía mis relatos escuché los truenos, empezó llover a chuzos. Las calles se convirtieron en ríos y los taxis se hicieron humo... esperamos bastante y no pasó. Nos decidimos de correr 30 metros hasta un restaurante. Llegamos mojados y el restaurante parecía colador de tanta gotera. Era la primera lluvia del “invierno boliviano” que finalmente supimos que es entre diciembre hasta febrero, tiempo en que llueve. Me comí un excelente “bife de chorizo” acompañado de ensalada de tomates con cebollitas. Llovía...... a las 11 de la noche nos aburrimos de comer y esperar, pedimos sacos de basura grandes, de estos de 80 litros. A HE le hice hoyos para los brazos y cabeza y se lo vistió como un vestido. Al otro le metí todos los documentos cartera etc. Y nos fuimos caminando unas 7 cuadras en una lluvia helada con viento...! Llegué bien ensopado. Una ducha caliente y a la cama.