3º día-Domingo
Descansamos bien y al día siguiente partimos a las 7 rumbo a un pueblo llamado Presidente Roque Sáenz Peña en la provincia del Chaco. Luego abandonamos las colinas con bosques y comenzaron las enormes llanuras pantanosas del chaco. A la orilla de la carretera, debajo de un arbolito hicimos picnic, hacia calor y habían mosquitos negros gigantes, el repelente brasilero los espantó eficazmente. Comenzamos a alcanzar muchos grupos de ciclistas que en éste calor bárbaro pedaleaban heroicamente, nos dimos cuenta que en un pueblo a nuestra frente debería tener algún tipo de procesión y fiesta popular ya que encontramos un gran grupo de gauchos en sus bellos trajes montando briosos corceles llevando caballos de relevo. Por muchos kilómetros encontramos todavía ciclistas acompañados de autos de suporte. En estas rectas que cortan un paisaje pantanoso donde novillos comen, con el agua hasta la mitad del cuerpo, plantas verdes que parecen berro, cigüeñas se alternan con patos no vimos nunca hombres en el campo. Atravesamos Corrientes, el gran puente sobre el río Paraguay (nuestro GPS marcaba 80 metros sobre el nivel del mar) y Resistencia, llegando a Sáenz Peña a las 6 de la tarde. Este pueblo nos fue descrito como “horrible” por unos conocidos, que nos advirtieron para tomar cuidado a la salida del pueblo ya que se equivocaron de camino y en vez de ir al noroeste fueron al sur por 100 Km. Preguntamos por hotel, vimos uno, no nos gustó así que nos fuimos al gran lujo 5 estrellas. No era mas caro que el otro y conservaba el esplendor roído de un pasado glorioso. Entretanto se le cayeron varias estrellas pero tenia un subterráneo donde guardar el auto, una piscina y aire condicionado. La piscina no era posible usar, estaba llena de barro porque hace tres días atrás llovió desde las 10 de la noche hasta las 7 de la mañana 240 mm !!! Por esto el garaje estaba medio barroso y mojado. Lo tuvieron que vaciar con bombas. Dimos una vuelta y entramos en un local de Internet para escribir las impresiones del viaje a nuestros pollitos. Al atardecer los restaurantes comenzaron a sacar mesitas y sillas a la calle preparando se para atender a sus clientes al frescor de las estrellas. Pedí una cerveza Quilmes y me trajeron una botella de litro!... que delicia. Cuando a las 11 de la noche nos fuimos acostar seguían llegando gente con niños y guagüitas. Despertamos a las 4 de la mañana con una tormenta eléctrica fenomenal, los rayos tejían redes en el cielo tan seguidos que ni oscurecía. Comenzó a llover, me acordé de la inundación hace 3 días atrás y volví a dormir.