Las Aventuras de Sve-Da. Viaje al Pantanal del Matto Grosso (Oct. 2012)

Mi hermano me convidó para participar de un safari de pesca al pantanal. Salimos tempranito un día sábado para tomar el avión a Cuiabá, capital del estado de Matto Grosso del Norte. Llegamos allá mas o menos a las 11 y a la una nos tenían que pasar a buscar para embarcar en un bus que nos llevaría a Cáceres que queda a unos 200 Km al oeste de Cuiabá. Hacia bastante calor (+- 40°C) y nuestra combinación apareció con bastante atraso.
Demoramos más unas 3 horas para llegar en Cáceres donde nos esperaba la camioneta de Edno, dueño de la posada en que nos hospedaríamos. Pasamos a un supermercado muy bien surtido, después fuimos a buscar pescaditos vivos para carnada y finalmente llegamos al rio Jaurú al atardecer. Nuestra pieza estaba bien helada y agradable. Hablamos con el hombre que seria nuestro guía de pesca, tomamos una buena ducha y nos prepararon sendas caipiroshkas gigantes. Entre conversa y rica comida, excelente pescado, se pasó la tarde. Fuimos dormir temprano ya que a las 5½ comenzaba el día para nosotros.
Roni nuestro guia ya estaba esperando y después de tomar un desayuno con frutas, pancitos y café nos embarcamos en un bote de aluminio de unos 5 mt de largo con un motor de popa de 15 Hp, un vivero con las carnadas, cañas y muchos anzuelos. Anduvimos un poco por el rio hasta los lugares donde le "tincaba" al Roni. El bote tenía 2 bancos con sillas giratorias, en la de la punta sentaba Sven y yo en el banco del medio. Comenzamos el safari pescando pirañas que se comian la carnada y a veces el anzuelo. Aquí se amarra en la linea 1º un alambre de acero de unos 10 cm y en él esta fijado el anzuelo de unos 5 cm.
Esto todo te lo prepara el guia y luego lanza con destreza la carnada al punto deseado en el rio pasandonos la caña en seguida. Yo solo sujetaba la vara esperando que algo "pique". Si picaba un pez este era traido por nosotros junto al bote ahí el guia lo embarcaba, si era un variedad apreciada, lo medía y si no alcanzaba el tamaño limite prescrito, devuelto al agua. En seguida el guia volvia a colocar una nueva carnada, lanzar y entregar nos la vara para seguir la pesca. Normalmente nos amarrabamos en ganchos de arboles caidos y esperabamos al pez picar.
El guia tambien trae un caña y pesca junto con sus clientes. En la mañana temprano estaba fresquito pero luego que el sol salía la temperatura subía a los 40°C y qualquer vientecito era bien venido. Maravilla!!! no habia mosquitos, seguramente por el período largo sin llover. Normalmente cuando se está amarrado debajo de un árbol un enjambre de mosquitos hambrientos te espera.
Para esta eventualidad se tiene sombreros con mosquitero y repelentes para las manos. No tuvimos nececidad de estos en toda nuestra estadia. Hací como los mosquitos los pezes tambien se hicieron humo y poco fué el fruto de nuestras largas esperas.
Yo llevaba mi cámera y me entretenia fotografiando a los diferentes pajaros y bichos que se ponian al alcance de mi teleobjetivo.
Nuestro guia Roni al termino del segundo dia nos comunicó que una hija estaba en el hospital y que no podia seguir. Así que nos asignaron otro llamado Fredi que nos acompañó por el resto de nuestra estadía. Las malas lenguas decian que Roni no aguantó sin beber más que 2 dias.
Fredi era mucho más comunicativo y luego percibió mi afán por la fotografía y me mostraba los animalitos escondidos en la orilla del rio.
Era importante tener buenas carnadas vivas, las que traíamos en el bote no daban buen resultado, así que fuimos a las aguas rasas donde viven los caimanes para pescar unos pezes llamados traíra. Estos son bien redonditos con dientes muy afilados. Cada vez que teniamos uno zapateando en la vara los caimanes venían corriendo para robarnos el pezcado. Cerca dem medio dia volviamos para almorzar y dormir una pequeña siesta para luego a las 3 de la tarde continuar nuestro traqueteo por el rio hasta el crepúsculo.
Un dia le hicimos poner un motar mas fuerte de 25 Hp, llevamos comida y fuimos hasta el rio Paraguay donde el Jaurú termina. Paramos en un puerto bien abandonado para visitar un lugar que fue una vez una buena posada pero quando el dueño falleció los hijos la abandonaron y ahora estaba a la venta.
Luego continuamos hasta la desembocadura del Paraguay, revisando la bencina nos dimos cuenta que este motor gastaba mucho y que no conseguiamos volver con la que teníamos. Volvimos a la posada abandonada y el cuidador nos prestó 20 litros con la que pudimos volver hasta nuestro puerto. Son distancias considerables sin un alma por cerca, pero mi hermano Sven y Fredi, acostumbrado a estos parages, no se incomodaban pensando que podriamos tener una pana o acabar el combustible.
Ese dia sentimos much calor, nos faltó la siesta al medio dia.
Esta noche Sven tuvo mucho dolor de guata y segun se comentaba habian varias personas con los mismos síntomas. Los 2 dias siguentes nos levantamos más tarde y las salidas con los botes fueron más cortas.
Nuestro guia Fredi estaba muy apenado con el resultado tan pobre de nuestros esfuerzos de pesca. Así que la última mañana salimos bien temprano, antes que los otros, fuimos a pescar diferente. Nos dejabamos llevar por la corriente arrastrando un pescado vivo en el anzuelo. Finalmente me picó un pez grande que cambió totalmente el humor de nuestro guia, antes taciturnio y cerrado ahora hablaba hasta por los codos.
A las 10 emprendimos el viaje de regreso. Esta vez contratamos un taxi para llevarnos de Cáceres a Cuiabá era feriado y el Bus no era seguro si llegaba a tiempo al aeropuerto. Además que los retorcijones de Guata podrian requerir paradas forzadas.
Llegamos bien sin contratiempos al aeropuerto y en un vuelo tranquilo finalmente a São Paulo.